Rafael Silva

Y así, violencia laboral, violencia doméstica, violencia de género, violencia medioambiental, etc., son las diversas manifestaciones en las que el patriarcado y el capital se expresan. La violencia es consustancial a ellos. No es posible disociarla de ellos. Capitalismo y patriarcado constituyen las dos caras de una misma moneda. Ambos deben ser abolidos, erradicados de las estructuras de nuestras sociedades. El problema es que llevan con nosotros mucho tiempo, y han generado tal cantidad de dogmas, valores, principios, esquemas, tendencias y enfoques, individuales y comunitarios, que es muy difícil combatirlos con éxito. Tanto el patriarcado como el capital poseen sus propios mecanismos de defensa, en un mundo globalizado bajo el enfoque neoliberal. Las grandes corporaciones transnacionales, paradigma del capitalismo globalizado, poseen toda una legislación ad-hoc para defender sus intereses, que se coloca por encima de leyes nacionales, Constituciones y tratados internacionales. La ley de las empresas es más poderosa que los derechos humanos. Todo ello ha ido desarrollándose con la connivencia de estas grandes empresas con instituciones y gobiernos de carácter neoliberal, que nos han traído al perverso escenario que sufrimos hoy. Lo que debemos entender, por tanto, es que los planteamientos capitalistas y patriarcales viajan en el mismo tren, son parte de un mismo todo, de una concepción del mundo, de la vida, de las personas, de los animales y de la naturaleza absolutamente irracional y aberrante.
Por eso, la misma lucha de las mujeres es la lucha que demanda más democracia, la lucha feminista está integrada con la lucha por los servicios públicos, por la defensa de los derechos humanos, por una política pacifista e internacionalista, por una educación y una sanidad públicas, laicas, gratuitas y de calidad. La lucha contra la precariedad laboral es la misma lucha por la que se identifican las Kellys, el servicio doméstico o las que reivindican la abolición de las terribles leyes de extranjería. La lucha contra la corrupción es la misma lucha donde están integradas las reivindicaciones para una democracia más profunda, más plena, más completa, más intensa. La lucha que reivindica la recuperación de la soberanía popular, de los Estados y de los Gobiernos contra los corsés antidemocráticos de la Unión Europea (del Capital) es la misma lucha que reivindica el derecho de autodeterminación de todos los pueblos de Europa y del mundo. Todas ellas son las mismas luchas. Comparten y respetan los mismos ideales, anhelan unos mismos modelos de sociedad. Por ello no es posible erradicar el patriarcado ni la violencia machista que nos ahoga sobre la base del nacional-catolicismo del Estado monárquico y borbónico, que desprecia la democracia y hace oídos sordos a las manifestaciones populares. Todas las luchas, por tanto, deben ser unificadas. Todos los colectivos afectados deben unir sus luchas y sus demandas, porque al final, estamos demandando parcelas o ámbitos diferentes de un mismo modelo de sociedad: una sociedad republicana, laica, participativa y solidaria, enmarcada en un Estado Federal. Una sociedad donde se respeten los servicios públicos, donde los derechos políticos, sociales, económicos, culturales y medioambientales estén blindados para que no sea posible su recorte ni su privatización. Una sociedad moldeada por tintes democráticos en todas sus instancias: políticas, judiciales, económicas, comunitarias, mediáticas y culturales.
Por todo ello, es absolutamente necesario unificar las luchas feministas (es decir, contra el patriarcado) con el resto de luchas obreras (para recuperar las conquistas y derechos perdidos) y del resto de colectivos afectados (pensionistas, estudiantes, parados, dependientes, etc.), así como con la lucha del pueblo catalán por su soberanía (que no por su independencia, eso lo deberá decidir el propio pueblo manifestándose en referéndum). El patriarcado y el capital llevan siglos aliados para desmantelar la soberanía de los Estados, para socavar la democracia y para aniquilar los avances y conquistas de la clase trabajadora. Al patriarcado y al capital le vienen grandes los servicios públicos, y los derechos económicos, sociales, políticos, culturales y medioambientales del conjunto de la sociedad, así como los derechos de las mujeres, porque quieren seguir sometiéndolas y controlando su fuerza de producción y de reproducción. También le vienen grandes los derechos de la naturaleza y de los animales, a los que llevan explotando igualmente durante siglos. No podemos cambiar la esencia depredadora del capitalismo ni la esencia explotadora del patriarcado. Sólo enfrentándonos decididamente a ellos alcanzaremos una sociedad más justa, equitativa, igualitaria, democrática y avanzada. Aunemos las luchas contra el patriarcado y contra el capital. Nos va la vida en ello.
Fuente: Blog de Rafael Silva
La pregunta es: ¿quién daría esa orden? ¿Un general o coronel en la reserva? Evidentemente, no.